Subversa

Devoção vocacional | Jean Felipe de Assis


-Levántate, Sancho -dijo a este punto don Quijote-, que ya veo que la Fortuna, de mi mal no harta, tiene tomados los caminos todos por donde pueda venir algún contento a esta ánima mezquina que tengo en las carnes. Y tú, ¡oh estremo del valor que puede desearse, término de la humana gentileza, único remedio deste afligido corazón que te adora!, ya que el maligno encantador me persigue, y ha puesto nubes y cataratas en mis ojos, y para sólo ellos y no para otros ha mudado y transformado tu sin igual hermosura y rostro en el de una labradora pobre, si ya también el mío no le ha cambiado en el de algún vestiglo, para hacerle aborrecible a tus ojos, no dejes de mirarme blanda y amorosamente, echando de ver en esta sumisión y arrodillamiento que a tu contrahecha hermosura hago, la humildad con que mi alma te adora.

                                                                                                          Cervantes, DQ, II/X

 

Velada estás, amada Dulcineia,

Nos artifícios e nos ardis do medo,

Retendo encantos em gestos de plebeia,

A negar sublime beleza, concedo.

 

Somente a ti glória, honra e poder,

Pois, a mim, infâmia, escárnio e dor

São os inseparáveis amigos a exceder

A triste figura ao ser seu espectador.

 

Tu bela, eu vil; excelsa e sórdido,

Nas vias tortuosas e sem remedo,

À escuridão da aparência, intercedo.

 

Diante de seu mistério aludido,

Mesmo em face de oposto enredo,

Aos teus pés, amoroso e servil, quedo.


Jean Felipe de Assis | Rio de Janeiro, Brasil

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